A doscientos metros de profundidad todo puede suceder. Los ceratoides son peces equipados con una especie de farol luminoso que utilizan para captar a sus presas y tienen además una conducta sexual que llama la atención a propios y extraños.
El tamaño de las hembras de los ceratoides supera en gran medida a la de los machos. Esta llega a medir 102 centímetros y a pesar 7 kilogramos, mientras su pareja sólo consigue los 16 milímetros y los 14 gramos.
Los ceratoides machos viven casi toda su vida bajo “las faldas” de su compañera pues se desarrollan como un parásito a lo largo de su existencia.
Amar es compartir
Inicialmente, los machos son independientes. Sin embargo, cuando este ya alcanzó los 4 milímetros y desarrolló los dientes especiales que le permitirán sujetarse a la piel de ella inmediatamente y sin retrasos se convierte en un parásito. Allí, en el cuerpo de la otra su crecimiento continúa hasta alcanzar su tope de 16 milímetros.
El diminuto tamaño del semental permite que la hembra pueda adherir a su cuerpo más de un inquilino sin que el primero se incomode por ello. Total, donde hay espacio para uno también hay para dos o tres.
Así, todos los visitantes acoplan su cuerpo al de la matrona y se alimentan y hasta respiran gracias a ella pues su tubo digestivo, dientes y branquias van desapareciendo convirtiéndose todos, hembra y machos, en uno solo. La relación se vuelve sumamente íntima, como la de una madre y su feto.
El tamaño de las hembras de los ceratoides supera en gran medida a la de los machos. Esta llega a medir 102 centímetros y a pesar 7 kilogramos, mientras su pareja sólo consigue los 16 milímetros y los 14 gramos.
Los ceratoides machos viven casi toda su vida bajo “las faldas” de su compañera pues se desarrollan como un parásito a lo largo de su existencia.
Amar es compartir
Inicialmente, los machos son independientes. Sin embargo, cuando este ya alcanzó los 4 milímetros y desarrolló los dientes especiales que le permitirán sujetarse a la piel de ella inmediatamente y sin retrasos se convierte en un parásito. Allí, en el cuerpo de la otra su crecimiento continúa hasta alcanzar su tope de 16 milímetros.
El diminuto tamaño del semental permite que la hembra pueda adherir a su cuerpo más de un inquilino sin que el primero se incomode por ello. Total, donde hay espacio para uno también hay para dos o tres.
Así, todos los visitantes acoplan su cuerpo al de la matrona y se alimentan y hasta respiran gracias a ella pues su tubo digestivo, dientes y branquias van desapareciendo convirtiéndose todos, hembra y machos, en uno solo. La relación se vuelve sumamente íntima, como la de una madre y su feto.
1 comentario:
Yo feliz de vivir con mi pareja con ese pez, atado a sus cabellos y asu sonrisa. Lo único que me molesta es que hayan varios metidos por ahí...
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